El oeste de Estados Unidos ha perdido aproximadamente una cuarta parte de sus glaciares desde mediados del siglo XX. Un inventario que compara mapas históricos con registros más recientes contabiliza 300 desapariciones, aunque la diferencia entre el número de glaciares de ambas fechas sea de solo 122.
La explicación está en que algunos glaciares grandes se fragmentaron al retroceder. Esa división puede aumentar el número de masas de hielo registradas mientras disminuyen el área y el volumen totales. Los que aún persisten suelen ocupar rincones protegidos de las montañas, pero el estudio apunta a un futuro difícil para buena parte de ellos.
Cómo se reconstruyó la pérdida de glaciares
Para medir los cambios, los investigadores compararon mapas topográficos históricos del Servicio Geológico de Estados Unidos con un inventario más reciente. Los primeros se elaboraron a partir de fotografías aéreas tomadas entre 1955 y 1990; el inventario contemporáneo quedó finalizado en 2015.
La comparación exige distinguir un glaciar de otras acumulaciones de nieve y hielo. Para considerarse glaciar, la masa debe ser perenne y estar en movimiento. Por eso, una imagen de una montaña cubierta de blanco no basta por sí sola para determinar cuántos glaciares hay: también hay que identificar qué masas cumplen esos criterios.
Los mapas históricos registraban 1.453 glaciares. El inventario más reciente contabilizó 1.331. La resta da una diferencia neta de 122, pero no refleja por sí sola todos los cambios ocurridos entre ambos registros. Según el estudio, en ese periodo desaparecieron 300 glaciares.
Por qué desaparecieron 300 si la diferencia neta es de 122
La clave es la fragmentación. Cuando un glaciar se reduce, puede dividirse en varias masas menores. En esos casos, una unidad que antes se identificaba como un solo glaciar puede aparecer más tarde como varias piezas independientes, siempre que cumplan los criterios del inventario.
Así, el recuento de glaciares no funciona como un indicador directo de la cantidad total de hielo. Puede haber menos hielo y, al mismo tiempo, una cifra de unidades que no caiga en la misma proporción. La diferencia entre las 300 desapariciones y el descenso neto de 122 muestra por qué conviene leer el número junto con otros indicadores.
El área total cubierta por hielo cayó un 35 % y el volumen disminuyó un 33 %. Esas dos medidas describen mejor la contracción física del conjunto que el simple número de glaciares. La fragmentación ayuda a entender la aparente discrepancia, pero no significa que el hielo perdido se haya recuperado ni que la situación sea estable.
El retroceso no ha sido igual en todas las regiones
Las pérdidas varían según la zona. Beartooth-Absaroka figura entre las regiones más afectadas: allí el retroceso alcanzó hasta el 77 %. Esa cifra ilustra que el promedio del oeste estadounidense no cuenta toda la historia y que algunas áreas han sufrido una reducción mucho más intensa.
El terreno también influye en cuáles sobreviven. A medida que se encogen, algunos glaciares se repliegan hacia cuencas y barrancos profundos o quedan a la sombra de grandes picos. Esas formas de relieve reducen su exposición directa al sol y crean refugios locales frente a unas condiciones regionales cada vez más desfavorables.
La topografía puede favorecer la persistencia de una masa de hielo, pero no detiene por sí misma el retroceso general. Los refugios explican por qué algunos glaciares siguen presentes mientras otros desaparecen; no permiten concluir que los supervivientes vayan a conservarse indefinidamente.
La península Olímpica ofrece otra señal del cambio
Un estudio previo del mismo equipo analizó los glaciares de la península Olímpica, en el estado de Washington. Allí, de la extensa superficie helada documentada en 1900, ya se había perdido la mitad. Desde 1980 desaparecieron 35 glaciares y 16 neveros perennes, una reducción atribuida al calentamiento del aire.
Este caso ayuda a poner en perspectiva el inventario del oeste estadounidense. No se trata únicamente de contar masas de hielo en dos momentos: también importa cuánto territorio cubrían, cuánto volumen conservaban y cómo cambió el paisaje a lo largo del tiempo. La pérdida de glaciares y neveros en la península muestra que el retroceso afecta a distintas formas de hielo persistente.
Qué se espera para las próximas décadas
Las proyecciones citadas en la investigación apuntan a que buena parte de los glaciares podría desaparecer hacia 2070. Es una previsión, no una fecha exacta para la desaparición de cada glaciar. El propio patrón descrito —pérdidas desiguales y supervivientes concentrados en zonas protegidas— indica que las condiciones locales importan.

El fenómeno tampoco se limita a Estados Unidos. Datos publicados a principios de 2025 estimaron que el planeta perdió 273 gigatoneladas de hielo al año entre 2000 y 2023. Esa cifra global ofrece contexto para el retroceso regional, aunque no debe confundirse con una medición exclusiva de los glaciares del oeste estadounidense.
En el caso de la península Olímpica, la investigación atribuye directamente al calentamiento del aire las pérdidas registradas desde 1980. Para el conjunto del oeste, la fuente describe la contracción en un clima regional más hostil y relaciona el retroceso con el calor, pero no ofrece un desglose de cuánto corresponde a cada causa en cada región.
Qué nos dicen —y qué no— las cifras
El inventario permite comparar el estado de los glaciares en dos periodos, pero sus cifras requieren contexto. El total de unidades contabilizadas puede variar cuando un glaciar se parte; el área y el volumen, en cambio, muestran la magnitud de la reducción física. Por eso, una lectura completa combina los recuentos con las pérdidas de superficie y de hielo.

- 300 glaciares desaparecieron según la comparación entre los registros históricos y el inventario finalizado en 2015.
- La diferencia neta de recuento fue de 122: se pasó de 1.453 unidades registradas a 1.331.
- El área total de hielo cayó un 35 % y el volumen, un 33 %.
- Beartooth-Absaroka perdió hasta un 77 %, una de las reducciones regionales más severas mencionadas.
La conclusión práctica es que el número aislado de glaciares puede resultar engañoso si no se explica cómo se elaboró el inventario. Un paisaje puede conservar varias masas pequeñas donde antes había una mayor, mientras pierde una parte considerable de su hielo total. En el oeste estadounidense, la caída del área y del volumen confirma que el balance general es de retroceso.
Preguntas frecuentes
¿Qué provoca la desaparición de los glaciares?
En los casos descritos, el retroceso se relaciona con el calor y con un clima regional cada vez más desfavorable. El estudio sobre la península Olímpica atribuye al calentamiento del aire las pérdidas registradas desde 1980. La información disponible no desglosa la contribución de cada factor para todos los glaciares del oeste.
¿Cuántos glaciares quedan en el mundo?
La fuente no proporciona un total mundial de glaciares. Sí indica que el inventario más reciente citado contabilizó 1.331 en el área analizada del oeste de Estados Unidos, y recoge una estimación de pérdida global de hielo de 273 gigatoneladas anuales entre 2000 y 2023.
¿Cómo ha provocado la actividad humana el retroceso de los glaciares?
La información aportada describe el papel del calentamiento del aire y del aumento del calor, pero no detalla una evaluación de las actividades humanas ni cuantifica su contribución en cada región. Por tanto, estos datos permiten explicar el mecanismo de retroceso descrito, pero no asignar porcentajes de responsabilidad a causas concretas.
¿Cómo afecta el retroceso de los glaciares?
En el oeste de Estados Unidos, el retroceso reduce el área y el volumen de hielo, transforma masas grandes en fragmentos menores y altera el paisaje de montaña. Los datos citados no cuantifican otros efectos locales, por lo que no permiten precisar aquí consecuencias adicionales.
¿Por qué el recuento bajó en 122 si desaparecieron 300 glaciares?
Porque algunos glaciares se fragmentaron al encogerse. La división puede hacer que una masa antes contada como una unidad aparezca como varias más pequeñas. Por eso, las 300 desapariciones no equivalen a la diferencia neta entre los dos inventarios.















