El oro perdió terreno este jueves 29 de octubre y bajó un 1,1%, hasta los 4.022,19 dólares por onza, presionado por la persistencia de la inflación en Estados Unidos y por las apuestas de que la Reserva Federal podría elevar las tasas de interés antes de que termine el año. La caída coloca al metal en camino a registrar su segundo retroceso mensual consecutivo, según la información disponible en los mercados.
El movimiento refleja la sensibilidad del oro a las expectativas sobre la política monetaria: cuando los operadores prevén un costo del dinero más alto, el metal puede perder atractivo frente a otros activos. Por ahora, la posibilidad de un ajuste no es una decisión confirmada de la Fed. La herramienta FedWatch de CME recoge una probabilidad cercana al 80% de que se produzca un aumento hacia el cierre de diciembre, mientras los inversores esperan nuevos datos de inflación.
Por qué las expectativas de tasas presionan al oro
El oro no paga intereses. Por eso, cuando aumentan las expectativas de tasas, mantenerlo puede resultar relativamente menos atractivo frente a alternativas financieras que sí ofrecen un rendimiento asociado al costo del dinero. La relación no implica que el precio del metal vaya a caer automáticamente cada vez que se proyecta un alza, pero ayuda a entender por qué las apuestas sobre la Fed pueden influir en su cotización antes de que el banco central anuncie un cambio.
También importa la dirección que los inversores esperan para la inflación y para las tasas. Si los precios siguen creciendo con persistencia, la Fed puede tener menos margen para relajar las condiciones monetarias. En ese escenario, los operadores pueden anticipar que el banco central mantendrá una postura restrictiva o que encarecerá el crédito. Esa revisión de expectativas puede provocar movimientos en los mercados incluso antes de que se conozca una decisión oficial.
La sesión del jueves estuvo marcada precisamente por ese cruce: inflación todavía persistente en Estados Unidos y especulación sobre un posible endurecimiento monetario. El retroceso del oro no se explica por una subida de tasas ya ejecutada, sino por las previsiones de los participantes del mercado sobre lo que podría ocurrir en los próximos meses.
La Fed mantuvo las tasas y el mercado espera nuevos datos
En su comunicación más reciente, la Reserva Federal dejó las tasas sin cambios. La decisión coincidió con lo que esperaba el mercado, pero no despejó la incertidumbre sobre el siguiente paso. De acuerdo con la información reportada, cualquier modificación de la política monetaria quedó aplazada hasta después de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos.

Mientras tanto, los inversores aguardan el informe sobre el gasto de consumo personal, conocido por sus siglas en inglés como PCE. Ese indicador de precios es el preferido por la Fed para evaluar la inflación y calibrar sus decisiones. Su publicación puede aportar elementos para determinar si las presiones inflacionarias persisten y, por tanto, si el banco central tendría razones para mantener una política restrictiva o considerar un ajuste al alza.
La atención sobre el PCE ayuda a explicar por qué el precio del oro puede fluctuar antes de que se publique una decisión de la Fed. Los mercados no esperan únicamente anuncios oficiales: también ajustan sus posiciones ante la posibilidad de que un dato cambie la lectura sobre la inflación y altere las perspectivas de tasas. En este caso, el informe pendiente es una referencia central para las próximas expectativas.
Qué indica la probabilidad cercana al 80% de CME
La herramienta FedWatch de CME sitúa cerca del 80% la probabilidad que los agentes atribuyen a una subida de tasas hacia el cierre de diciembre. Esa cifra resume las apuestas recogidas por el mercado; no equivale a una decisión de la Reserva Federal ni garantiza que el aumento vaya a producirse.
La diferencia es relevante. Una probabilidad elevada señala que muchos participantes consideran plausible un escenario, pero las expectativas pueden cambiar cuando se publican nuevos datos económicos o cuando las autoridades comunican su evaluación. Por eso, el dato debe leerse como una medida de posicionamiento y anticipación, no como una confirmación oficial del rumbo monetario.
La posibilidad de un alza puede influir en los metales incluso si la Fed finalmente mantiene las tasas. Si el escenario esperado por los operadores cambia, el precio del oro puede reaccionar en cualquiera de las dos direcciones. Para quienes siguen la cotización, conviene separar tres elementos: la tasa vigente, las decisiones ya anunciadas y las probabilidades que el mercado asigna a movimientos futuros.
Inflación, soporte y riesgo de nuevas pérdidas
Los analistas citados en la información apuntan a que el oro podría quebrar una barrera de soporte si el índice de inflación supera las previsiones. El soporte es un nivel de precio en el que algunos operadores esperan que aparezca demanda suficiente para frenar o moderar una caída. No constituye una garantía: si la presión vendedora continúa, el metal puede atravesar ese nivel.
Un dato de inflación por encima de lo previsto podría reforzar la expectativa de que la Fed eleve el precio del dinero en diciembre. Esa posibilidad ayudaría a explicar una reacción negativa del oro, aunque el resultado dependería también de cómo interpreten los participantes la información y de las demás condiciones del mercado. Si las cifras no confirmaran las presiones que se temen, las apuestas sobre las tasas podrían revisarse.
La cotización de 4.022,19 dólares por onza marca el nivel registrado durante la sesión informada, pero no basta por sí sola para determinar la trayectoria posterior. La atención está puesta tanto en los datos que están por publicarse como en la respuesta de la Reserva Federal. La afirmación de que el metal perfila su segunda caída mensual consecutiva describe la tendencia señalada en el reporte, no una garantía sobre lo que ocurrirá en los siguientes meses.
El contexto internacional también influye en los metales
La presión sobre el oro coincidió con movimientos en otros mercados. En Europa, el Banco Central Europeo enfrenta un escenario complejo por la agitación en el mercado de deuda soberana de Francia. En paralelo, los precios del crudo bajaron ante señales de distensión diplomática en Medio Oriente. Estos factores no sustituyen el peso de la inflación estadounidense y de las expectativas sobre la Fed, pero forman parte del entorno en el que se mueven los activos financieros.
Las señales de menor tensión diplomática pueden modificar la percepción de riesgo vinculada a la región y repercutir en la demanda de activos considerados refugio. La información disponible relaciona el descenso del petróleo con esas señales y señala que la dinámica afecta también a otros metales, entre ellos la plata, el platino y el paladio. No se proporcionan cotizaciones concretas para esos activos, por lo que no es posible comparar la magnitud de sus movimientos con la caída del oro.
En el caso europeo, la agitación de la deuda francesa añade otro foco de atención para los bancos centrales y los mercados. El reporte no detalla el alcance de esa tensión ni atribuye a ella la caída del oro. Su relevancia en esta jornada es contextual: muestra que las cotizaciones se forman en un escenario internacional con varios factores en movimiento, aunque la presión inmediata sobre el metal se vinculó principalmente a la inflación de Estados Unidos y a las apuestas sobre las tasas.
Qué deben observar los inversores a continuación
- El informe PCE: es el próximo dato clave mencionado para evaluar la inflación desde la perspectiva de la Fed. Su resultado puede alterar las expectativas de política monetaria.
- La comunicación del banco central: la Fed mantuvo las tasas sin cambios en su aviso más reciente, pero todavía existe incertidumbre sobre sus próximos pasos.
- Las apuestas de mercado: la probabilidad cercana al 80% calculada por FedWatch puede variar. No debe confundirse con una decisión ya tomada.
- La evolución del oro: los analistas advierten de un posible quiebre del soporte si la inflación supera las previsiones, aunque ese escenario no está confirmado.
- El entorno global: la deuda soberana francesa, el descenso del crudo y las señales diplomáticas en Medio Oriente también forman parte del panorama de los mercados.
Para interpretar el retroceso de este jueves, la clave es distinguir entre lo ocurrido y lo que el mercado anticipa. El hecho observado es una baja del 1,1%, hasta 4.022,19 dólares por onza. La causa inmediata señalada es la persistencia inflacionaria en Estados Unidos, acompañada por apuestas de un posible incremento de tasas. El PCE y las próximas señales de la Fed ayudarán a determinar si esas expectativas se sostienen o se modifican.
El reporte también sitúa al oro ante la posibilidad de encadenar su segundo descenso mensual. Sin embargo, la cifra de FedWatch, el riesgo de ruptura de un soporte y la fecha potencial de un ajuste pertenecen al terreno de las expectativas. La evolución del metal dependerá de cómo cambien esas previsiones con los nuevos datos y de la respuesta de los inversores ante ellos.
Información con datos atribuidos a Reuters.







